En un escenario caracterizado por transformaciones permanentes, nuevas necesidades formativas y desafíos cada vez más complejos para las organizaciones y las personas, hablar de calidad en educación continua exige ir más allá del cumplimiento de requisitos. La calidad no puede entenderse como un trámite administrativo, una certificación o un conjunto de procedimientos aislados. Es, ante todo, una forma de gestionar, de tomar decisiones y de asumir responsablemente el impacto que nuestras acciones tienen en las personas, las organizaciones y el territorio. Desde la División de Educación Continua de la Universidad de La Frontera (UFRO), entendemos la calidad como un compromiso permanente con la excelencia, la pertinencia y la mejora continua, buscando que cada experiencia de aprendizaje responda de manera efectiva a las necesidades de su entorno.
La educación continua cumple hoy un rol estratégico. Los rápidos cambios tecnológicos, productivos, sociales y ambientales están transformando los escenarios en los que nos desenvolvemos. En este contexto, actualizar conocimientos ya no es suficiente; es necesario desarrollar nuevas capacidades y generar aprendizajes que puedan traducirse en respuestas concretas. Particularmente en La Araucanía, este desafío adquiere una dimensión territorial, ya que las necesidades de formación deben ser comprendidas desde las realidades específicas de las comunidades, instituciones y sectores productivos. Por ello, la educación continua debe ser capaz de escuchar, interpretar y transformar las necesidades del entorno en oportunidades de aprendizaje que contribuyan al desarrollo regional.
Desde la perspectiva de la gestión de calidad, una organización no puede depender exclusivamente de la voluntad individual, sino que debe incorporar la calidad en sus procesos, responsabilidades y decisiones institucionales. En este sentido, la División de Educación Continua cuenta con un Sistema de Gestión de la Calidad (SGC) basado en la Norma Internacional ISO 9001:2015 y en la Norma Chilena NCh 2728:2015. Este sistema permite abordar estructuradamente todas las etapas del ciclo formativo: planificación, diseño, ejecución, seguimiento, evaluación, cierre y mejora. La implementación de este sistema no significa burocratizar la formación, sino que otorga mayor capacidad para anticiparse a los problemas, gestionar riesgos y responder oportunamente a los usuarios.
Uno de los elementos fundamentales de este sistema es la aplicación del ciclo PHVA: Planificar, Hacer, Verificar y Actuar, acompañado de un enfoque basado en riesgos. Esta metodología permite identificar anticipadamente aquello que podría afectar el cumplimiento de los objetivos. Desde esta perspectiva, una desviación no es solo un problema, sino una valiosa fuente de aprendizaje organizacional. La verdadera madurez de un sistema se evidencia en su capacidad para aprender, medir, analizar y corregir, desarrollando así una cultura donde cuestionar los procesos para buscar mejores formas de responder al entorno es parte natural de la gestión.
La calidad se construye entre todos y no funciona de manera aislada. En Educación Continua, esta realidad es vital debido a la diversidad de actores que participan: Facultades, Institutos, Campus, docentes, equipos administrativos, estudiantes y organizaciones. El desafío consiste en generar una cultura en la que cada integrante comprenda cómo su trabajo impacta en los resultados colectivos, generando mayor coordinación, transparencia y confianza.
Por otro lado, cumplir una norma es necesario, pero la gestión de calidad verdaderamente orientada a resultados debe preguntarse si los programas responden a necesidades reales y generan valor. La Región de La Araucanía enfrenta importantes desafíos que requieren espacios de diálogo entre el conocimiento académico y los saberes y experiencias que emergen desde el territorio. Cuando ese diálogo se produce, la formación adquiere mayor sentido, transformándose en una herramienta para fortalecer capacidades y contribuir al desarrollo.
Los nuevos escenarios normativos, la transformación digital y el cambio climático demandan respuestas formativas oportunas. En este escenario, la calidad adquiere una dimensión estratégica que nos permite desarrollar una capacidad institucional para adaptarnos. Una cultura de excelencia se construye cuando el sistema de gestión deja de percibirse como una exigencia documental y se transforma en una herramienta para gestionar mejor. Ese es, finalmente, el sentido de nuestro trabajo: consolidar una Educación Continua conectada con el territorio, porque cuando la calidad se convierte en una cultura, la gestión transforma los procesos, los procesos transforman las experiencias y las experiencias pueden transformar territorios.
Mg. Viviana Chihuaicura Pilquinao
Encargada de Calidad
División de Educación Continua Universidad de La Frontera



