La supervivencia en cáncer puede entenderse de distintas maneras. Para algunas personas comienza desde el momento del diagnóstico; para otras, una vez finalizados los tratamientos oncológicos. Pero más allá de su definición, hay algo que no podemos desconocer: esta etapa puede ser uno de los momentos más complejos del proceso de vivir con y después del cáncer.
Durante años, los sistemas de salud han puesto sus mayores esfuerzos en la detección temprana y en el acceso a tratamientos cada vez más avanzados. Y eso, sin duda, ha permitido que hoy más personas sobrevivan al cáncer. Pero frente a ese logro aparece una pregunta que necesitamos hacernos con más fuerza: ¿cómo se vive esa sobrevivencia? ¿Qué ocurre después del alta, de los controles, de los tratamientos, cuando la vida intenta volver a parecerse a lo que era antes?
Los relatos de quienes han vivido un cáncer son diversos, pero muchas veces comparten un punto en común: cuando termina el tratamiento no siempre termina el miedo. Aparece la incertidumbre ante cada control, la ansiedad frente a un nuevo examen, la duda cuando surge un síntoma, la sensación de que el cuerpo ya no es el mismo y, muchas veces, la percepción de que el entorno no alcanza a comprender todo lo vivido. Porque el cáncer no es solo una enfermedad que se trata; también es una experiencia que atraviesa la vida, los vínculos, la identidad, el trabajo, los proyectos y la forma de mirar el futuro.
Por eso, visibilizar la supervivencia oncológica no significa mirar este camino desde el pesimismo. Al contrario, significa reconocerlo para acompañarlo mejor. Significa entender que no basta con sobrevivir, sino que también importa cómo se vive después del cáncer. Y en ese proceso, el apoyo comunitario, la escucha activa y las redes significativas pueden marcar una enorme diferencia, no para generar dependencia, sino para fortalecer la autonomía, la confianza y la capacidad de cada persona para reconstruir su proyecto de vida.
Desde esta convicción nace el curso de “Monitores Comunitarios en Supervivencia Oncológica para cáncer de mama”, una iniciativa orientada a formar personas capaces de acompañar de manera empática, ética y segura a quienes transitan la etapa posterior al tratamiento. Su propósito es fortalecer competencias psicoeducativas, comunicacionales y comunitarias que permitan orientar, promover estilos de vida saludables, reconocer necesidades de apoyo y articularse con familias, organizaciones territoriales y la red de salud, siempre respetando los límites del rol comunitario.
Formar monitores en supervivencia oncológica es apostar por una sociedad más sensible, informada y solidaria. Es comprender que el acompañamiento no ocurre solo dentro de los espacios clínicos, sino también en la comunidad, en la conversación cotidiana, en la capacidad de escuchar sin juzgar, de entregar información clara y de ayudar a que las personas se sientan más seguras y protagonistas de su propio proceso.
En este sentido, esta iniciativa también se vincula profundamente con el compromiso de UFRO Abierta y su apuesta por la educación continua como una herramienta de transformación social. Acercar el conocimiento a la comunidad, formar agentes de apoyo y fortalecer redes territoriales es una manera concreta de poner la universidad al servicio de las personas y de sus realidades.
Ser parte de una sociedad empática puede parecer, a ratos, una aspiración lejana. Sin embargo, cada acción suma. Cada persona formada, cada conversación significativa y cada red que se activa puede convertirse en un apoyo real para alguien más. Y quizás de eso se trata también la supervivencia: de no caminar en soledad, de recuperar confianza, de encontrar sentido en los vínculos y de recordar que acompañar, cuando se hace con responsabilidad y humanidad, también es una forma profunda de
fortalecer la vida.
PhD. MSc. Klga. Bárbara Burgos Mansilla.
Académica del Departamento de Ciencias de la Rehabilitación.
Universidad de La Frontera.



